Pánico mar adentro.

Aquella tarde de pesadilla en Barcelona explicó la angustia que había experimentado asustado como un chiquillo, abrazado al piloto de la zodiac, tras pisar la orilla del Club Natación Barcelona (CNB). El suceso ha tardado varios meses en publicarse entre otros motivos porque el reciente ganador del Oscar se negaba a reconocerlo. «Me dice Javier B. que él nunca se ha ahogado en la Barceloneta». Era la respuesta de una amiga del artista cuando este diario trató de reconstruir lo ocurrido.

Las fotografías muestran a Bardem cuando se lanzaba al Mediterráneo y cómo celebró el rescate retratándose con unas admiradoras, él, a quien no le gustan las fotos y odia a los paparazis desde que le robaron unas vacaciones con Penélope Cruz en las islas Maldivas.

Después de un shock traumático, el ser humano puede sufrir episodios de amnesia. ¿Es lo que le sucedió a Javier Bardem? Sin descartar la hipótesis de que un naufragio produzca lagunas mentales, hay otras razones por las que el artista no quiera rescatar este capítulo. El accidente marino tuvo lugar durante las semanas en que estaba rodando, a las órdenes de Woody Allen, la película Vicky, Cristina, Barcelona. Igual que los atletas de élite tienen prohibido practicar deportes de riesgo, una estrella de cine también firma cláusulas en sus contratos.

Reconstrucción de los hechos: Bardem (vestido con una camiseta elástica azul, bermudas y chanclas) llegó a media tarde al CNB invitado por un amigo que es socio del club de la Barceloneta. Sol en retirada, mar rizada y continuas rachas de viento. Unas condiciones meteorológicas idóneas para divertirse con una de las barquitas aparcadas sobre la arena.

Los dos colegas prepararon un patín vela en la orilla, se pusieron los chalecos salvavidas y se embadurnaron de protección solar. «Que estamos en pleno rodaje y no puedo aparecer tostado», explicó el artista. Un bañista le prestó un gorro para protegerse aún mejor.

Los curiosos vieron partir el patín que en pocos minutos desapareció en el horizonte. Una hora después regresó a la playa con un único ocupante. «He perdido a Javier», explicó el superviviente. Según explicó, un golpe de mar volcó el patín y al izarlo el viento lo alejó sin poder hacer nada por rescatarlo.

El accidente había ocurrido dos millas mar adentro, el equivalente a casi cuatro kilómetros. Un testigo cuenta que, inicialmente, creyeron que el náufrago podría haber sido rescatado por algún un velero. Pero nadie daba señales. Cundió el pánico y zarpó un equipo de salvamento del CNB.

Javier Bardem estuvo flotando casi una hora. Logró controlar los nervios como si fuera el asesino en serie que no se inmuta de No es país para viejos o el Ramón Sampedro que recreó con Alejandro Amenábar. Qué angustia. Hasta que apareció la zodiac que le ayudó a salir de la pesadilla.

«Lo primero que hizo al saltar a la arena fue estrujar al piloto de la zodiac y luego abrazar al que le prestó el gorro», cuenta un socio del CNB. «Hay días que es mejor no levantarse de la cama. Menudo susto, no pienso meterme nunca más en el agua». Son frases que los testigos ponen en boca de Bardem. Después de tanta tensión, el actor aceptó fotografiarse con Ingrid y Elisenda, dos fans, y con un vecino al que llaman Príncipe de la Barceloneta.

La discreción del barrio fue el mejor aliado del intérprete de Mar adentro, Jamón, jamón, Los lunes al sol y Antes que anochezca. Durante aquellos últimos días de julio se sumergió en finalizar, sin más sustos, el rodaje de la película de Woody Allen y en retomar la relación con Penélope Cruz.

Ayer, además de verbalizar sus dos pesadillas (el volante y el mar), recordó que no cree en Dios, sino en el actor Al Pacino. «Le admiro ilimitadamente. Pacino es mi héroe».

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=390950

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